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Bielorrusia
Bielorrusia, conocida anteriormente como la "Rusia Blanca", ocupa 207.000 kilómetros cuadrados y posee casi 10 millones de habitantes. Está situada entre Polonia y Rusia, limitando por el sur con Ucrania, y por el noroeste con Letonia y Lituania.
Es un lugar de amplias llanuras, bosques de profunda oscuridad que cubren más de una tercera parte del país y más de diez mil lagos, combinados con grandes extensiones de naturaleza y desoladas zonas pantanosas.
Ha mantenido su misterio gracias a que ha permanecido prácticamente inexplorada y cerrada desde la caída del comunismo. Bielorrusia es poco conocida, poco comprendida, y mucho menos viajada.
Es uno de los pocos países de la antigua Unión Soviética donde estatuas de Lenin siguen en pie, y el símbolo de la hoz y el martillo se puede encontrar en abundancia. También es el único país que aún emplea los servicios de la KGB.
A pesar, o quizás a causa de esto, es que Bielorrusia se ha convertido en un lugar intrigante para viajar. Llena de hermosos bosques, lagos, ríos, fauna y flora, en muchos lugares hasta la historia parece viva y casi se puede sentir.
Pocas personas consideran aventurarse en esta prácticamente hermética cápsula del tiempo, donde la KGB todavía escucha las llamadas telefónicas y la gente comenta sus opiniones políticas en un susurro.
Todas estas son razones para conocerla, ya que Bielorrusia es el único lugar en el mundo donde puedes sentir como si la guerra fría nunca hubiese terminado. Los recordatorios de la guerra, el sufrimiento, la opresión y la supervivencia pueden verse en todo el país.
Por otro lado, iglesias, fortalezas y otros aspectos de la cultura bielorrusa han mantenido sus tradiciones, mientras la artesanía, las danzas y la ópera han sobrevivido al imperialismo soviético, y dan a los viajeros una muestra de la inspiradora cultura nativa del lugar.
Entre las ciudades que resultan más interesantes de visitar se encuentran la capital Minsk, Brest, Hronda, Dudutki, Polatsk, Vitsebsk y la diminuta ciudad de Turau, cerca del majestuoso Parque Nacional de Pripyatsky.
Viajar en coche implica detenerse con frecuencia en los controles oficiales, por lo que viajar en tren es una excelente opción para poder llegar a una gran cantidad de destinos de forma relativamente rápida y barata.
La capital, Minsk, con sus edificios estalinistas y ordenada calles, es un testimonio de la ideología soviética. Pero aún así encontrarás suficientes boutiques, cafés y clubes nocturnos para mantenerte entretenido.
Aprovecha a relacionarte con los encantadores habitantes locales, que si bien parecen algo tímidos al principio, es porque se sienten intrigados y halagados por los visitantes extranjeros, y en el fondo están deseosos de conversar.
La gastronomía local podría resumirse en patatas, cerdo, carne vacuna, pan y pizza. Aquí, la mayoría de los productos y los ingredientes son orgánicos, y la cocina moderna se basa en antiguas tradiciones nacionales que han sido objeto de una larga evolución histórica.
Algo que me llamó la atención es que prácticamente no existe la delincuencia callejera, por lo que es probable que te encuentres más seguro aquí que en cualquier otro lugar de Europa oriental, especialmente porque los extranjeros son considerados intocables.
Al alejarte de las ciudades descubres los increíblemente bellos y misteriosos bosques, hogar de abedules, robles, arces y pinos, y refugio para bisontes, osos, lobos, linces, ciervos y alces.
Cuando termina el bosque, encontrarás pueblos de pintorescas casas de madera con sus jardines llenos de flores, frutas y hortalizas, así como monumentos históricos en forma de iglesias, monasterios y castillos que datan del siglo XII.
Como decíamos al principio, viajar a Bielorrusia no es fácil; de hecho, si no tienes suficiente determinación, será mejor que elijas algún otro destino para visitar. Pero si estás buscando una aventura que nunca olvidarás, entonces Bielorrusia es el lugar perfecto para ti.
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